sábado, 24 de enero de 2009


Con un único botón, pulsado en cualquier aparato, se logra la magia de la sincronización. Basado en reglas no triviales, el teléfono habla con la PDA y se ponen de acuerdo, luego habla con el portátil y también logra consenso, ahora el netbook... bien, entonces llega el turno del equipo de sobremesa y resolviendo un par de conflictos, logran el éxito. Ahora tocan los calendarios online, los gestores de tareas, los contactos remotos, el correo, etc... no pasa nada, todo se auto-ajusta al protocolo y perfecto, también hay unión.

Todo ha ido bien, al menos hasta ahora, pero hay que ser humildes porque recién se ha empezado y si en algún momento aparece un cambio, todos deben aprobarlo y el ciclo de conversaciones volvería a empezar.

Algunos hablan sobre la "centralización". Cada dispositivo se conecta a un servidor durante el encendido (bajo coste) y automágicamente queda sincronizado. No es necesario que conversen entre ellos, existe un manda más que concentra la información y es capaz de repartirla.

Una solución elegante, tecnológicamente sencilla, económica, muy probada... pero no extendida. ¿El problema radica en saber quién es capaz de almacenar dicha información sin levantar prejuicios?. ¿En quién se puede confiar como concentrador?.

Nosotros sabemos quién.