sábado, 24 de enero de 2009


Con un único botón, pulsado en cualquier aparato, se logra la magia de la sincronización. Basado en reglas no triviales, el teléfono habla con la PDA y se ponen de acuerdo, luego habla con el portátil y también logra consenso, ahora el netbook... bien, entonces llega el turno del equipo de sobremesa y resolviendo un par de conflictos, logran el éxito. Ahora tocan los calendarios online, los gestores de tareas, los contactos remotos, el correo, etc... no pasa nada, todo se auto-ajusta al protocolo y perfecto, también hay unión.

Todo ha ido bien, al menos hasta ahora, pero hay que ser humildes porque recién se ha empezado y si en algún momento aparece un cambio, todos deben aprobarlo y el ciclo de conversaciones volvería a empezar.

Algunos hablan sobre la "centralización". Cada dispositivo se conecta a un servidor durante el encendido (bajo coste) y automágicamente queda sincronizado. No es necesario que conversen entre ellos, existe un manda más que concentra la información y es capaz de repartirla.

Una solución elegante, tecnológicamente sencilla, económica, muy probada... pero no extendida. ¿El problema radica en saber quién es capaz de almacenar dicha información sin levantar prejuicios?. ¿En quién se puede confiar como concentrador?.

Nosotros sabemos quién.

viernes, 16 de enero de 2009


Somos más sensibles a los cuentos, a las historias, que a cualquier otra cosa. Una buena historia siempre es aceptada, y entrará en nosotros para quedarse.
Nos gusta creer, y nos gusta tanto que somos capaces de perder el sentido de la realidad. Preferimos lo que nos cuentan a lo cierto.
Tardaron en darse cuenta, pero muchos ya son expertos en la construcción de cuentos, de virtualidades. Una vez desprestigiados los que se aferran a la Realidad (¡por aburridos, por monótonos!), el camino ya está despejado.
Piense en una marca por ejemplo. ¿Qué conoce más de dicha marca: el producto/servicio o su historia?.
Los cuentos son diseñados para crear fundamentalistas, fanáticos, fieles a una marca. Que dejen de cuestionar lo que realmente ven y disfruten de lo que se imaginan (fruto de lo que les cuentan).
En la novela Maat: ¿jugamos? se describe cómo todo un barrio es capaz de creer y actuar en base a una historia. Un simple cuento que resulta apetecible, irresistible para nuestros cerebros. Muchos lectores lo dan por cierto sin cuestionarlo. Nos sentimos más cómodos en esos mundos imaginarios. La realidad es simplemente mucho más aburrida.
La Realidad ya ha quedado atrás, la acción narrativa y la contra-narración, la lucha de virtualidades hace tiempo que ha llegado... y está aquí para quedarse.

jueves, 8 de enero de 2009


Somos capaces de confabular a nivel mundial, somos capaces de coordinarnos para diseñar y contar una historia creíble. Somos capaces, por ejemplo, de hacer que los Reyes Magos, Papá Noel, y el Ratoncito Pérez existan en nuestro mundo.
Todos nos movemos en la misma dirección. Los medios (internet, televisión, prensa, radio), las empresas (grandes almacenes, pequeños comercios), la gente. Todos seguimos las pautas marcadas para lograr una fantasía, un sueño hecho realidad.
Pocos ejemplos tan durareros, ambiciosos y exitosos sobre nuestra capacidad para organizarnos son comparables a los Reyes Magos, Papá Noel o Pérez.
¿Pero por qué no podemos usar esa capacidad para terminar con el hambre en el mundo?. ¿Qué es lo que nos impide lograrlo?. Ahhh, que aquí entran en juego otras personas... Personas a las que les pagamos (muy bien por cierto) para que resuelvan ese problema... claro, es una cuestión de capacidad.